La peste negra (1347)

La peste negra (1347)

La peste de 1347 o peste negra
1347

Enfermedad: Peste bubónica
Patógeno: Yersinia pestis
Fallecidos: 150 millones
% Población: 40 %
Población época: 370 millones

La peste de 1347 o peste negra
165-180 dC

Enfermedad: Peste bubónica
Patógeno: Yersinia pestis
Fallecidos: 150 millones
% Población: 40 %
Población época: 370 millones

La gran peste

Hacia 1350 y en El Decamerón, Bocaccio imaginó un refugio fuera de Florencia donde siete mujeres y tres hombres se entretienen contando historias confinados por la plaga más mortífera que Europa recordará. Según las detalladas descripciones de la época, se ha identificado como peste bubónica; pero la magnitud de la catástrofe le ha reservado la etiqueta de “la Gran Peste” o la “Peste Negra” y la coloca entre los aspectos mas relevantes del final de la Edad Media, con poderosas consecuencias sociales y económicas.

El triunfo de la muerte (1562), Peter Brueghel el viejo, Museo nacional del Prado

La enfermedad se había iniciado en 1320-1330 en Asia central y había llegado al Mar Negro en 1346. Para 1350 se había extendido por toda Europa afectando a entre el 60 y el 80% de la población. Se calcula que murieron entre 20 y 50 -para algunos hasta 75- millones de personas, es decir, entre el 25 y el 75% de la población, según el lugar. En Navarra el dato es del 60%, e incluso -aunque vivía en Francia- de peste murió la propia reina Juana II (1349).

Juana II de Navarra
(Conflans, 1311 – 1349)

Imagen: Gran Enciclopedia de Navarra. (1990).  http://www.enciclopedianavarra.com

Documentado el uso de máscaras de protección de “la pestilencia”, también conocemos su uso como arma biológica, cuando se catapultaron cadáveres enfermos en el asedio de Caffa por los mongoles en 1346. La huida de los comerciantes genoveses desde este puerto del Mar Negro pudo ser el vehículo de entrada de la enfermedad en el Mediterráneo.

A aquella primera ola siguieron otras en el resto del siglo, donde destaca la de 1361-1362, que incidió especialmente en los niños: la “peste de los niños”. La progresiva inmunidad de los supervivientes iría amainando sus efectos, pero su recurrencia cíclica estará presente en Europa durante cuatro siglos, generando un miedo intenso, con oleadas puntuales de especial virulencia; a finales del siglo XVI y principios del XVII afectó especialmente al sector atlántico del continente, alcanzando a más de medio millón de personas solo en España. En los años centrales del XVII fue especialmente dura: en Londres murió un 20% de la población en 1665. La proliferación de las llamadas “columnas de la peste”, magníficos monumentos de los siglos XVII al XIX que todavía hoy adornan muchas ciudades centroeuropeas e italianas, ilustran el agradecimiento a los diversos santos protectores cuando la epidemia cedía por fin.

Con un origen inicial incierto, Gabriel de Mussis da un lugar exacto para constatar la propagación de la plaga cuando nombra la ciudad de Caffa como el primer foco. Se tiene constancia de que la enfermedad viajó en barco de dicha colonia genovesa en la península de Crimea hasta Mesina en 1347. Algunos barcos no llevaban a nadie vivo cuando alcanzaban las costas.

Entre el reino húngaro y el napolitano se desató una campaña militar que coincidió con el estallido de la peste, en 1347. Ello hizo que se suspendiera la campaña, pero en su regreso los húngaros se llevaron la enfermedad hasta Italia y de ahí al resto de Europa.

Hoy nos preocupamos por las variantes del coronavirus, mutaciones que van surgiendo a medida que evoluciona la pandemia. A pesar de su diferente comportamiento se trata de la misma enfermedad, se trata y se previene de la misma forma. Por el contrario, en la gran peste parece que concidieron dos enfermedades con diversas formas de transmisión, lo que hacía aún más difícil identificar formas de atajarla.

Aún sin vacunas, como hoy tenemos, se acabó llegando a cierta inmunidad de grupo, pero de una forma brutal (haberla pasado y sobrevivido) y al inconcebible coste de perder una enorme cantidad de personas.

De aquellos tiempos data la prescripción de cuarentenas estrictas, por ejemplo, en los barcos que llegaban a puerto antes de permitir el desembarco.

La gran peste

Hacia 1350 y en El Decamerón, Bocaccio imaginó un refugio fuera de Florencia donde siete mujeres y tres hombres se entretienen contando historias confinados por la plaga más mortífera que Europa recordará. Según las detalladas descripciones de la época, se ha identificado como peste bubónica; pero la magnitud de la catástrofe le ha reservado la etiqueta de “la Gran Peste” o la “Peste Negra” y la coloca entre los aspectos mas relevantes del final de la Edad Media, con poderosas consecuencias sociales y económicas.

El triunfo de la muerte (1562), Peter Brueghel el viejo, Museo nacional del Prado

La enfermedad se había iniciado en 1320-1330 en Asia central y había llegado al Mar Negro en 1346. Para 1350 se había extendido por toda Europa afectando a entre el 60 y el 80% de la población. Se calcula que murieron entre 20 y 50 -para algunos hasta 75- millones de personas, es decir, entre el 25 y el 75% de la población, según el lugar. En Navarra el dato es del 60%, e incluso -aunque vivía en Francia- de peste murió la propia reina Juana II (1349).

Juana II de Navarra
(Conflans, 1311 – 1349)

Imagen: Gran Enciclopedia de Navarra. (1990).  http://www.enciclopedianavarra.com

Documentado el uso de máscaras de protección de “la pestilencia”, también conocemos su uso como arma biológica, cuando se catapultaron cadáveres enfermos en el asedio de Caffa por los mongoles en 1346. La huida de los comerciantes genoveses desde este puerto del Mar Negro pudo ser el vehículo de entrada de la enfermedad en el Mediterráneo.

A aquella primera ola siguieron otras en el resto del siglo, donde destaca la de 1361-1362, que incidió especialmente en los niños: la “peste de los niños”. La progresiva inmunidad de los supervivientes iría amainando sus efectos, pero su recurrencia cíclica estará presente en Europa durante cuatro siglos, generando un miedo intenso, con oleadas puntuales de especial virulencia; a finales del siglo XVI y principios del XVII afectó especialmente al sector atlántico del continente, alcanzando a más de medio millón de personas solo en España. En los años centrales del XVII fue especialmente dura: en Londres murió un 20% de la población en 1665. La proliferación de las llamadas “columnas de la peste”, magníficos monumentos de los siglos XVII al XIX que todavía hoy adornan muchas ciudades centroeuropeas e italianas, ilustran el agradecimiento a los diversos santos protectores cuando la epidemia cedía por fin.

Con un origen inicial incierto, Gabriel de Mussis da un lugar exacto para constatar la propagación de la plaga cuando nombra la ciudad de Caffa como el primer foco. Se tiene constancia de que la enfermedad viajó en barco de dicha colonia genovesa en la península de Crimea hasta Mesina en 1347. Algunos barcos no llevaban a nadie vivo cuando alcanzaban las costas.

Entre el reino húngaro y el napolitano se desató una campaña militar que coincidió con el estallido de la peste, en 1347. Ello hizo que se suspendiera la campaña, pero en su regreso los húngaros se llevaron la enfermedad hasta Italia y de ahí al resto de Europa.

Hoy nos preocupamos por las variantes del coronavirus, mutaciones que van surgiendo a medida que evoluciona la pandemia. A pesar de su diferente comportamiento se trata de la misma enfermedad, se trata y se previene de la misma forma. Por el contrario, en la gran peste parece que concidieron dos enfermedades con diversas formas de transmisión, lo que hacía aún más difícil identificar formas de atajarla.

Aún sin vacunas, como hoy tenemos, se acabó llegando a cierta inmunidad de grupo, pero de una forma brutal (haberla pasado y sobrevivido) y al inconcebible coste de perder una enorme cantidad de personas.

De aquellos tiempos data la prescripción de cuarentenas estrictas, por ejemplo, en los barcos que llegaban a puerto antes de permitir el desembarco.

La gripe “española” (1918)